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Escritos

 

Centroamérica es distinta: el legado de Vicky

 
Amalgama, Federico Herrero. Parte del mural en honor a Virginia Pérez-Ratton, Parque La Libertad. Setiembre 2018.

Amalgama, Federico Herrero. Parte del mural en honor a Virginia Pérez-Ratton, Parque La Libertad. Setiembre 2018.

 
 
 
Una mujer que se había atrevido a imaginar una Centroamérica distinta.
 

De mi tía se dice y recuerda mucho. Fue tan versátil y completa (intentando describirle brevemente) que hoy como Mina, Virginia, Vicky o Gena, todos quiénes tuvieron la dicha de conocerla, tienen alguna historia para contar.

Hoy mientras inauguraban en su honor el mural Amalgama del artista Federico Herrero, una frase se quedó conmigo: Una mujer que se había atrevido a imaginar una Centroamérica distinta.

Me dejó pensando en las dificultades que conlleva construir un legado y lograr que este trascienda nuestros días de vida y nuestros círculos más cercanos. Seguramente no es tarea fácil.

1. Comenzamos por que no es hasta que el último de los ingredientes cae al sartén que la comida está lista: el tiempo. No es sin la (nostálgica) distancia que nos obsequia el tiempo, que logramos tangibilizar, medir y entender el efecto de nuestras acciones sobre la historia, propia o colectiva.

2. La conciencia, la visión y el coraje. No sé si aquellos que han marcado la historia se plantearon hacerlo o solo fue el resultado de sus acciones. Mi tía se permitió imaginar lo inexistente y tuvo la visión necesaria para que esto respondiera a las necesidades reales que una región y un medio como el arte, anhelaban desde hace tanto tiempo. Yo sé que muchos lo sueñan, pero ella se atrevió a alcanzarlo.

3. Trabajar por lo invisibleAunque como seres individuales podamos ver hacia el futuro con claridad de hacia dónde vamos, lograr compartir esa visión con otros, convencerlos de apostar y trabajar por esa misma causa, puede ser el mayor desafío de todos. ¿Cómo vender algo que todavía no existe? Hoy es claro todo lo que el trabajo de Mina dejó, pero hace 20 años, cuando seguramente apenas eran unas cuantas ideas en papel, ¿hubiéramos apostado de la misma forma?

A pesar de su pronta partida, Mina logró descifrar los retos planteados arriba y construir un gran legado que soy incapaz de resumir a unas cuantas líneas. Supo anticipar y soñar en grande. Se atrevió a construir las rutas para llegar a nuevos lugares que sabía nadie encontraría por ella, pero que amablemente hoy comparte con nosotros.

A través de espacios como este mural en el Parque La Libertad, Virginia Pérez-Ratton sigue estando presente entre nosotros, al mismo tiempo que logramos mostrar a muchos otros que aún no la conocen, un pedacito de lo que fue esta maravillosa mujer.

Gracias por el legado, por obligarnos a cuestionar el propio, y sobre todo, por recordarnos que lo único que hace falta para que algo suceda es imaginarlo. Hoy, gracias a ella, esa Centroamérica ya es distinta.

 
 
Laura Escobar