Común & silvestre
Común & Silvestre

Escritos

 

Feedback Venezolano

 
Cotidiano en Ciudad de México. 1993.

Cotidiano en Ciudad de México. 1993.

He entendido que migrar ha sido de las cosas que más define quien soy y que todos aquellos que lo hemos hecho en algún punto de la vida tenemos algún nivel de sincronía o zona común que nos une.
— Común & Silvestre
 

Hace un poco más de un año comencé a trabajar en la Universidad para la Paz. He aprendido y crecido tanto que me es difícil cuantificarlo, pero sin ninguna duda la suerte de convivir con personas de tantos lugares del mundo con distintas realidades ha sido de las oportunidades más estimulantes y valiosas que he tenido. 

Puedo escribir infinitas historias que nacen a partir de estas interacciones multi-culturales, pero para comenzar elegí esta. Una conversación en el pasillo que destapó un golpe de nostalgia sobre lo que se deja atrás al migrar. 

Antes de comenzar. 

Nací en México y migré a Costa Rica cuando tenía 6 años. Mis papás, al igual que muchos otros que han migrado, buscaban una mejor vida para mis hermanos y para mí. 

Migramos a un país que ya conocíamos, con costumbres no tan lejanas, nuestro mismo idioma, una familia que nos esperaba con los brazos abiertos y un lugar a dónde llegar. Mejor, imposible. 

He entendido que migrar ha sido de las cosas que más define quien soy y que todos aquellos que lo hemos hecho en algún punto de la vida tenemos algún nivel de sincronía o zona común que nos une. Pero también he entendido, que los motivos y condiciones en los que unos u otros migran son radicalmente distintos, lo que separa abismalmente nuestras historias de vida. 

Entre pasillos.

Hace varios meses venía llegando de Guatemala y como es costumbre entre nuestro equipo, traía algo para compartir con todos. Fui a repartir en las distintas oficinas y en el pasillo me encontré a dos amigos venezolanos. Les ofrecí una canillita (dulce guatemalteco similar a una cajeta de leche). Cada uno tomó uno y lo probó.

Se parece a tal pero con un poquito más de esto y menos de aquello .

— Si, como que es lo mismo pero diferente.

Inmediatamente recordé unos meses atrás la voz de uno de ellos refiriéndose a un tamal que yo le había regalado: «Como que se parece pero no es como el nuestro». Todo junto me llevo a responder de manera un poco torpe e inmediata: «Ustedes venezolanos siempre con tanto feedback».

Entre risas respondieron lo acertado que encontraban mi comentario, pero al mismo tiempo el duro golpe de realidad que este les daba sobre lo que implica estar lejos de casa. 

Acostumbrados a vivir a la distancia, mientras no haya rastro que despierte los recuerdos de esas cosas que tanto añoramos, los días pasan sin recordarlas. El problema es que en este país (y/o región) que afortunadamente abre sus puertas a otros, todo parece ser tan cercano y parecido para al final revelar ser otra cosa. Ventaja o desventaja, no se. 

Entendí que este feedback no es más que su búsqueda interminable por encontrar los pedacitos de una Venezuela que ambos dejaron hace ya bastante tiempo. Una Venezuela que les es cada vez más difícil de reconocer, que se aleja día a día de cómo ellos la recuerdan, una Venezuela en peligro de extinción. Por que pensar en la posibilidad de encontrar estos fragmentos y unirlos, es lo más cercano que queda a tener de vuelta los tiempos ya vividos.

Cuando migramos una parte de nosotros se queda, permanecemos para siempre incompletos. Para dicha de todos, siempre hay quienes están esperando recibirnos con brazos abiertos y hacernos parte de sus vidas. Estaré siempre muy agradecida con todos los que en su momento me recibieron en este país. Hoy les digo a mis dos queridos amigos venezolanos (y a todos los demás de otros lugares), que de mi parte este país siempre será su casa y estaré feliz de escuchar su feedback venezolano.  

Abrazo a la distancia a todos aquellos que alguna vez les tocó migrar.

 
 
Laura Escobar